Angel, pero no santo



El niño ya perfilaba compadrito.

Cuentan que en paralelo a sus estudios de piano en el conservatorio, conformó un trío infantil con su vecino, (un niño que resultó ser nada menos que Juan D’Arienzo), y en una de sus primeras presentaciones en un pequeño club de Palermo, después de tocar, los dueños del club se negaron a pagarles, con lo cual los niños se vengaron perpetrando un incendio en el local, que pronto fue sofocado.

Asi, precozmente, se lanzó a la música: abandonó sus estudios secundarios y se entregó de pleno a su instrumento. Poco a poco empezó a ser contratado para tocar el piano en casas de familias aristocráticas y clubes de la alta burguesía. Se sumergió en el mundo de la noche ciudadana y se convirtió en un verdadero personaje de la bohemia porteña, jugador de póker profesional, mujeriego, soltero de ley hasta el fin de sus días.

Un verdadero Ángel.