Yendo del cine al Café


Muchos de los pibes que desde sus primeros años de vida optaban por la música, solían debutar en salas de cine mudo.

Fue el caso del pequeño Rodolfo, que a escondidas de sus padres -firmes partidarios de una educación tradicional- fue contratado a sus trece años para tocar el piano como ambientación de películas mudas.

Esta instancia significaba para algunos jóvenes la oportunidad de hacerse escuchar en público. Y para algunos veteranos la oportunidad de descubrir nuevos talentos.

Al turno de Biagi le tocó nada menos que con Juan Maglio "Pacho", quien era en aquel entonces un verdadero dios del bandoneón.

La noche que se encontrarían, al finalizar la película, Pacho se acercó al prodigioso pianista, se apoyó sobre el instrumento y sin ningún tipo de preámbulo le ofreció tocar con él en el Café Nacional.

 “Era la catedral del tango, era acercarse a la popularidad. Tenía quince años, no sé cómo no me desmayé de susto el día del debut. ¡Era el pianista de Pacho!”  Cuenta el propio Biagi

Tocaron juntos durante dos años en El Nacional, y luego pasaron al mítico Café Domínguez.
Desde aquel palco vería desfilar todos los rostros de la vida porteña, y comenzaría tímidamente su nerviosa y frenética búsqueda del compás.