La cosecha de Julián


Un nombre tan simple como el de “Julián” fue el que motivó el titulo del primer tango exitoso de don Edgardo Donato. Estaba dedicado a su amigo Julián González, un baterista compañero de la noche con quien frecuentaba cabarets de mala muerte, y a quien todos recuerdan como un negro muy feo y muy gracioso.

Este tango, de tono humorístico, cuya letra fue escrita por José Luis Panizza, es el que etiqueta la personalidad de Donato de por vida y el que lo dispara hacia el éxito. La historia de “Julián” es un verdadero teleteatro, una vorágine de idas y vueltas, vueltas para intentar venderlo, para grabarlo, para que alguien lo cantara, una seguidilla de rechazos, de malas noticias, de malas sorpresas, de perdidas de dinero, de frustraciones, una larga historia llena de nombres y de lugares que no vienen al caso. Lo interesante es el desenlace.

Una noche en el Royal, conocido café montevideano, Donato y Panizza se encontraban tomando unas copas y viendo cantar a Esther Rodríguez, quien estaba considerada como la mejor intérprete del momento.

(Los veo en un rincón, solos en una mesa, medio borrachos de más, dándole vueltas al asunto, un nuevo tango que no gustaba.)

En un momento, la cantante desde el escenario y sin previo aviso comienza a entonar los primeros versos del tango “Julián”. Sus autores levantaron las cabezas. No entendían nada. Al parecer, luego de tanta siembra, algo había florecido. Supongo que habrán pedido otra ronda para brindar.

Pronto este tango comenzaría a ser aceptado y grabado por importantes figuras como Iris Marga, Rosita Quiroga y la orquesta de Osvaldo Fresedo, y el nombre de Donato tapizaría los cabarets rioplatenses. Esa misma noche, sin saberlo, Donato, de la mano de Julián, comenzó su carrera a la fama, y a nosotros mismos.

Aquí pueden encontrar al mismísimo Julián, en sonido y letra