Una lanza por los pies


La elite intelectual del tango en la década del ‘40 despreciaba las manifestaciones artísticas de carácter popular, aquellas que rápidamente conquistaban el gusto de las masas. Entre ellas, el propio baile: la expresión sociocultural que representaba la danza y las orquestas dedicadas exclusivamente a los bailarines.

En este contexto, muchas de estas orquestas tuvieron que enfrentarse a estos intelectuales y atravesar su crítica. El campo de batalla para hacerlo eran las pistas de baile, colmadas de fervientes bailarines. Entre estas guerreras del compás, del tango para los pies, y la búsqueda por la sencillez estilística se paraban firme figuras como las de D’Arienzo, Donato, y también el director de nuestra orquesta de esta semana: Alfredo de Angelis.

Su nombre constituye otra de las tandas obligadas en las milongas de hoy y de siempre. La suya fue una orquesta de las más clásicas que pisaron firme en las filas de la década de oro. No busca extravagancias. No busca revoluciones. Simplemente busca tango. El más puro tango, el más bailable y punto.

Don Alfredo, junto a sus muchachos y a las poderosas voces de sus cantores, nos deleita esta semana con su historia y con su música y se despide de nosotros el sábado, cuando bailemos en nuestra sección de musicalidad al compás de una "Pavadita"