Pedro y Pedrito

El encuentro entre Pedro Maffia y Pedro Laurenz no fue nada amistoso.

Maffia era el primer bandoneonísta del sexteto de Julio de Caro. Era un hombre serio, de carácter austero y calmo. Un consagrado músico cuyo estilo expresaba este mismo carácter.

Laurenz, en cambio, era un joven enérgico y nervioso, poco experimentado, que acababa de ser llamado a un desafío: sustituir a Luís Petrucelli en el sexteto de Julio de Caro, acompañando como segundo bandoneón a su ídolo, justamente, al gran Pedro Maffia.

El día del debut de Pedrito Laurenz se generó un ambiente hostil y frío. El nuevo bandoneonísta estaba a prueba. Su ingreso no le había caído nada bien a Maffia, por ser demasiado joven e inexperimentado. No confiaba en su dominio del fuelle. No apostaba que duraría.

Estrenaron en Vogues Club, el reducto de lujo del tango en aquel entonces. Al terminar la función las primeras palabras del grave Maffia hacia el director fueron:

“¿¿De dónde sacó a este genio??...”

Ahí comenzó la historia de estos dos amigos, virtuosos músicos que constituyeron el dúo de bandoneones más importante en la historia del tango y fueron los creadores de toda una escuela de eximios bandoneonístas. Serían maestros e influencias directas de músicos como Aníbal Troilo y Astor Piazzolla, quienes no habrían existido sin la obra de aquellos.

La escuela “decareana”, de Julio de Caro y sus músicos, es además responsable de una de las revoluciones más importantes en el tango. Es la que impulsó toda la transformación que sucedería desde 1924 en adelante. Hablamos de un tango nuevo, un tango “artístico”, de gran expresividad musical, de fraseos complejos y muestras de virtuosismo instrumental. Un tango apuntado a un oído refinado, a un público culto y entendido. Tango que conservaba el viejo arrabal pero incorporaba la nueva Europa.


En 1935 llegaría a escena Juan D’Arienzo para romperlo todo e instalar la nueva revolución, que opacaría a los decareanos: la revolución del compás. La vuelta del tango a los pies de las masas de bailarines. Biagi seria en este capitulo para D’Arienzo lo que había sido Laurenz en el suyo para Julio de Caro. Piedras fundamentales en la compleja construcción de escuelas que permanecen.

Del inolvidable dúo de Pedros, uno de su propia composicion y de su propia interpretacion: "Amurado"