Pichuco por Pichuco


"Antes de ponerme el fuelle en las rodillas me ponía la almohada de la cama. Hasta que un día fuimos a un picnic en lo que había sido el viejo Hipódromo nacional. Habían llevado a dos bandoneonístas y tres guitarras, y cuando se fueron a comer yo subí unos escalones, agarré un bandoneón y me lo puse en las rodillas. Esa fue la primera vez. Yo tendría nueve años."

"La calle es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a vivir... y si no me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle."

”Hay cosas que tienen que ser fundamentales en un hombre: la bonhomía y el respeto. El respeto sobre todas las cosas. Yo tenía 17 años y trabajaba en un cabaret. ¿Sabe cómo les decía a las bailarinas? ‘¿Cómo está señora?’ Señora, les decía... “


“A los diez años el fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol. Jugaba en el Regional de Palermo. La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: 10 pesos por mes en 14 cuotas. Desde entonces no me separé de él.”

“Uno no se muere de golpe, se va muriendo de a poco, con cada amigo que desaparece y así llega un momento en que de Pichuco no queda nada.”
“Qué me va a asustar la tristeza, si andamos juntos desde pibes.”