No me refiero necesariamente a un levante

La milonga es un espacio de espera, de espera constante de lo inesperado, tan esperado. Es una búsqueda permanente de la magia. 

Esa magia es privilegio de unos pocos, es la única razón por la cual seguimos aprendiendo, por la cual salimos un jueves de noche con los zapatos en la bolsita, mas allá de cualquier explicación razonable.

La gran mayoría de las noches de milonga son de insatisfacción, uno se va con la sensación de que le faltó un poco mas, y no me refiero solamente al baile. La mayoría de las noches son de espera y de búsqueda, de ansiedad y de frustración.

Sólo los soñadores sobreviven en las milongas. Sólo los persistentes siguen yendo a pegar el culito contra la silla por horas enteras. Sólo los eternos buscadores deambulan por la pista de baile toda la noche, abrazando cuerpos vacíos, cuerpos anecdóticos, cuerpos sin magia. Vuelven a su silla, insatisfechos, pues saben que hay mas, mucho mas, en algún lugar. Lo saben, pues una vez lo sintieron.

Casi todas las noches son de insatisfacción, pero hay que seguir adelante. Hay que seguir insistiendo, porque cada tanto pasa algo que vale la pena. De pronto, una noche, como todas las demás, mientras compartimos la eterna espera junto a los amigos, entra la magia por la puerta. En algunos casos hace sonar una campana y todo. Entra por la puerta, como un regalito de la noche, solo para nosotros. 

Otras veces, nos sorprende en el primer abrazo, en la tanda menos esperada, con la compañía menos esperada. Opa. Qué pasó acá. Magia pura.

Y la noche cambia de color. Las orquestas cambian en nuestros oídos, nuestra búsqueda en el baile se transforma. Todas las horas de inercia, todas las horas vacías, habrán valido la pena. La vida se nos llena de sentido, la sonrisa acalambrada camino a casa, la milonga que sigue en el techo de nuestro cuarto.

Por eso hay que seguir bailando, y hay que seguir aprendiendo. Por eso hay que seguir esperando y confiando en que esas noches nos llegan y nos trastornan y nos transforman.

Decía alguien que nada tuvo que ver con el tango, que la inspiración existe pero mas vale que cuando llegue te encuentre trabajando. Pues bien, podríamos decir que la magia de la milonga existe, pero cuando llegue, mas te vale que te encuentre bailando. Y si te encuentra bailando bien, mucho mejor.

Es por esto que los invitamos una vez mas a revisar nuestra agenda de clases, en donde ensayaremos algunas pócimas para aprender a aprovechar la magia cuando ésta aparece.