Los petisos bailamos mejor

En una de mis primeras milongas tuve la fortuna de cruzarme con el genial Carlos Solis, de la legendaria pareja uruguaya de tango que los milongueros solemos llamar "Los Solises"
Yo hacia muy poco que bailaba. Cada salida a la pista era un nuevo desafío y el fracaso era inminente. Me acuerdo que acababa de terminar una tanda con una bailarina, a la cual le di las gracias y me despedi (para siempre). Con el pelo un poco revuelto y las ideas un poco más, me dirigí hacia mi mesa, algo frustrado.

En ese momento veo venir a este personaje, bajito, de lentes, un poco encorvado. Vestido todo de negro, con una de esas remeras de manga corta con cuello y bolsillito, toda metida para adentro del pantalón, y apretujada con un cinturón del cual colgaban uno de esos estuches para guardar celulares, o llaves o vaya uno a saber qué cosa.

Perfectamente podría haberse tratado de un anciano que fue con los amigos a escuchar unos tangos, o el padre de algún hijo que lo sacó a pasear un rato para distraerlo.

Lo veo venir, desde su mesa, directo hacia mi, como con intención de interceptarme. En el momento que ya estaba casi encima mío, se detiene, me mira muy serio y se inclina hacia mi como para decirme un secreto al oído:

     "Los petisos bailamos mejor"
 
Sin decir mas, se separa y continúa su trayecto hacia el baño.

Me quedé un instante congelado, procesando toda la información.
No mucho después me descolgué, miré a mi alrededor y con gran entusiasmo me puse a buscar mi siguiente bailarina.